Activismo Sostenible

Hay que evitar quemarse

El método más eficaz para cambiar nuestra sociedad y, en consecuencia, frenar la destrucción de la Tierra, es a través de la transformación de nosotras mismas y de la manera en la que interactuamos con las demás personas y con la Tierra. Esto, en parte, es de lo que trata nuestro movimiento, de hacer las cosas diferentes, más auténticas. Para conseguir que nuestro modelo de activismo sea más sostenible, es necesario ocuparnos de valorar nuestra salud mental, emocional y física. Así, evitamos la astenia y, por lo tanto, alargamos la resistencia.

¿Qué es la astenia? Un estado de agotamiento físico, emocional y mental causado por la implicación en situaciones emocionalmente exigentes. La astenia suele estar acompañada de varios síntomas como el agotamiento físico; sentimientos de impotencia, desesperanza y desilusión; actitudes negativas hacia una misma, la gente y la vida. La vida se vuelve ácida y dejas de pasártelo bien.

 La astenia suele ser el resultado de trabajar demasiado duro, de experimentar demasiada tensión o demasiadas situaciones estresantes. Esto puede ocurrir cuando no nos valoramos lo suficiente y obviamos nuestras propias necesidades básicas. Algunos síntomas de la astenia activista son la tendencia a pensar de una forma cada vez más negativa; un profundo sentimiento de desesperanza; pérdida del sentido de la lucha y de la energía; pérdida del placer en la comida, en las amistades y en otras actividades que antes nos resultaban interesantes y agradables,… Disgustarse, alguna vez, es positivo y saludable; sería preocupante si nada nos afectara. Lo importante es hablarlo y que haya tiempo para escuchar las preocupaciones y las ansiedades de las demás. No temamos expresar nuestros sentimientos a las demás.

Una de las grandes causas de la astenia ocurre cuando los grupos o las personas discuten, y gastan sus energías en una lucha interna. Surge entonces la desconfianza, el acoso, la intimidación o el chismorreo. La gente que difunde rumores malintencionados y sentimientos negativos suele estar hiper-estresada y no es de fiar (ésta es una táctica común utilizada por los “topos” para desestabilizar los grupos). Por eso, antes de empezar a desconfiar, tratemos de hablar con esa persona para ver si sus acusaciones tienen fundamento o no. Y, sobre todo, tratemos de ser amables con las demás y con nosotras mismas. Valoremos a la otra persona.

 Si queremos convertirnos en el cambio que deseamos ver en toda la sociedad, es hora de aceptar que empujarnos sin parar a nosotras mismas y a quienes nos rodean, no es ni deseable ni sostenible. Cambiar el mundo es una maratón, no un sprint. Necesitamos moderar nuestro ritmo. Y, cuando lo necesitemos, tomemos un descanso, es decir, planeemos un tiempo muerto antes, durante y después de las grandes acciones o de las largas sesiones de trabajo, con el fin de buscar el equilibrio entre la acción y lo que es bueno para nosotras y nuestras necesidades. No estamos obligadas a participar en toda acción que se tercie; simplemente no lo hagamos si no estamos bien.

Conocer nuestras propias motivaciones en la lucha es una ayuda. A veces la gente se pasa al activismo para expresar la rabia y el dolor surgidos de sus problemas personales. Reconozcamos nuestra propia humanidad: aceptemos y mostremos nuestra vulnerabilidad. Y no nos olvidemos de explorar nuestra creatividad. ¿Qué tal si la experimentamos para ser más listos que los cuerpos de represión y para desbaratar las artimañas de las empresas? Para que un proceso sea realmente efectivo, es necesario combinar una serie de actividades y prácticas que realmente nos apasionen y desarrollen nuestro potencial. Y, sobre todo, que nos cuidemos unas a otras.

(Resumen de un artículo traducido por Toma la Tierra y publicado en Yay@flautas Madrid, https://www.activist-trauma.net/assets/files/burnout_flyer_rightway.pdf )