Y… después de las elecciones… ¿qué?

No existe ninguna vía fácil ni rápida para lograr la transformación social que muchas personas queremos. Ganar unas elecciones no es fácil, pero, incluso cuando se consigue el gobierno, el camino de las transformaciones sigue sin estar despejado.
No, no existe una vía rápida para conseguir la transformación social de un sistema que se resiste a toda alteración, aunque sólo sea por inercia social. Y, cuando la vía institucional hurta los logros de la participación política directa, desaparece la base de apoyo que permitió lograr esa representación.
Desde luego, la vía de la participación directa tiene muchas dificultades, ya que no se trata de salir a la calle, sin más, a manifestarse. Tampoco se trata de mantener una movilización como alternativa al parlamentarismo, sino de compatibilizar ambas estrategias.
Acabamos de elegir al poder legislativo, mediante sufragio, en una elección que, generalmente, favorece a dos tipos de personas: a las que son conocidas y a las que quieren el poder. Y dado que son las estructuras de los partidos quienes proponen las candidaturas…. ¿te extraña que el sistema se preste al peloteo y a la mediocridad para promocionar a determinada gente?. Es este sistema representativo el que permite que mucha gente incompetente esté permanentemente al mando y que la gente crítica se vea apartada de él.
Los griegos ya sabían que todo poder, ostentado durante el tiempo suficiente, deviene en tiranía, por lo que ya establecieron que debía ser limitado en el tiempo y en sus funciones, y controlado y distribuido entre cuantos más ciudadanos mejor. No en vano fueron ellos quienes inventaron el término “democracia”, que no significa otra cosa que “gobierno del pueblo”.
Y, para conseguir la verdadera democracia, incorporaron tres principios básicos: 1. Rotación (mandatos breves y no renovables). 2. Igualdad política por sorteo (para que puedan entrar ciudadanos que no aspiran a gobernar y cuyas capacidades están latentes, combinando elección y sorteo). 3. Isegoría (el derecho a la palabra, a decir lo que uno piensa libremente, a proponer y a criticar. Una asamblea física que reúna a todos los ciudadanos de un país es imposible pero existen mecanismos que permiten emular sus funciones sin necesidad de reunirnos todos en un mismo momento y lugar (Iniciativa Popular, Referéndum y Red social democrática).
Las elecciones, por sí solas, no definen la democracia. La democracia real supone la implicación de las personas en la elaboración y la votación de las leyes, y no solo en la elección, cada cuatro años, de unos representantes en quienes se delegan todos los poderes. Recordemos que en este país hubo una dictadura, disfrazada de “democracia orgánica”, con elecciones y hasta algún referendum.
La democracia no te la dan, la democracia se conquista.
Muchas personas se han aprovechado del desinterés de la mayoría por la participación en política (“no te metas en política”)… ¡Qué bien les viene nuestro miedo a quienes manejan los hilos de nuestra sociedad!
Pero no son sólo los poderosos, y la clase dirigente, quienes mantienen el sistema. También nosotros y nosotras, aceptando los hechos y situaciones injustas (aunque sea bajo amenazas, coacción y represión), estamos manteniendo el sistema. No cabe duda que nuestra pasividad nos hace cómplices del sistema actual.
Para tratar de cambiar la realidad, tenemos que empezar por cambiar cómo pensamos y, a la vez, implicarnos en un trabajo colectivo.
La participación social nos permite conseguir logros colectivos (que son también individuales), sin olvidar aquello que dijo Cleón de Atenas: “Son mejores para la ciudad los ignorantes que quienes se tienen por excelsos. Como no se encuentran carcomidos por la obsesión de distinguirse, no quieren parecer más listos que las leyes y quedar por encima de las propuestas de la colectividad“.
Los modernos estudios científicos sobre inteligencia colectiva avalan que la presencia de miembros, previamente no-informados sobre la cuestión a debate, ayudan al grupo a lograr consensos más democráticos.
Cada vez más personas tomamos conciencia de la utilidad de organizarnos, de constituir colectivos para reivindicar, junto a otras, nuestros derechos y exigir el cambio de este sistema capitalista violento, injusto y depredador.
Ya hemos votado, y ahora ¿qué? Pues ahora …
► Informémonos, leamos medios alternativos, reunámonos y pongamos en común nuestras reflexiones y acciones. Y desconfiemos de quienes nos quieren solamente entretenidos.
► Hagámonos preguntas y desmantelemos el pensamiento único. Construyamos un discurso compartido. Nada es inevitable y siempre se pueden hacer las cosas de otra manera.
► Continuemos participando en colectivos, organizaciones y plataformas reivindicativas (en el barrio, en el pueblo o ciudad, en el trabajo, …) y participemos en busca de alternativas por una sociedad más libre, justa y solidaria.
► Revisemos nuestros hábitos de consumo; integrémonos en grupos de consumo o cooperativas; relacionémonos con empresas de servicios éticas, socialmente responsables y respetuosas con el medio ambiente (energía eléctrica, seguros y banca ética, …).
► Defendamos los servicios públicos (enseñanza, sanidad, ayudas sociales, dependencia, transporte, …) y todo lo imprescindible para una vida digna (trabajo, vivienda, justicia, agua, energía, internet, aire limpio,…) frente a quienes quieren privatizar y rentabilizar todo.
► Difundamos y apoyemos campañas y convocatorias en defensa de las libertades y de los derechos sociales, solidarizándonos contra toda injusticia, violencia, desigualdad, exclusión y precariedad.
► Contribuyamos, con nuestras pequeñas acciones diarias, a construir un mundo mejor para nosotros y nosotras y para nuestra descendencia.

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