Bolsonaro mete miedo.

En Brasil la reforma de la Previsión propuesta por el Gobierno del presidente Jair Bolsonaro domina los debates en la sociedad brasileña por su gran impacto, principalmente en la clase obrera, la más perjudicada.

Mientras en nuestro país más de un año de sublevación y movilizaciones de la gente pensionista ha logrado paralizar momentáneamente el diseño de gran negocio a costa de las pensiones, pero no logra ser un tema sustantivo de debates de programa en la actual campaña electoral, pese a la enormidad social de lo que está en juego.

Bolsonaro, siguiendo el modelo chileno implantado con sangre por Pinochet, dice que pretende ahorrar un billón de reales en los próximos 10 años, pero con su pretendida reforma, no está atacando solamente con el retiro, sino también con derechos sociales y previsionales garantizados por la Constitución como la ayuda por enfermedad.

La reforma de Bolsonaro se sustenta en el modelo chileno de capitalización individual, que dejó en manos de empresas privadas llamadas Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) los ahorros de los contribuyentes para invertirlos en productos financieros, una fórmula que supuso la privatización del sistema de pensiones cuyas consecuencias graves sufre ahora la población chilena.

Entre las medidas principales que propone la reforma están establecer la edad mínima para acceder a la jubilación, un requisito actualmente inexistente en Brasil, y que sería de 62 años para las mujeres y 65 años para los hombres; y registrar 40 años cotizados para recibir el beneficio completo.

Al margen de este nuevo modelo quedarán trabajadores rurales, profesores, policías y miembros de las Fuerzas Armadas. Los tres primeros quedarán igualmente sujetos a un tiempo mínimo cotizado y a una edad mínima para jubilar, mientras que los militares dispondrán de un plan especial. En Chile, precisamente los uniformados fueron los únicos que pudieron mantener sus pensiones dentro del sistema de reparto solidario. Por eso, su pensión promedio es casi 12 veces mayor que la pensión promedia de un civil.

El sistema de las AFP en Chile ha dejado al 80% de los pensionados cobrando menos que el salario mínimo (unos 390 euros) y al 44% por debajo de la línea de pobreza.

Cerca de uno de cada cuatro jubilados se ven obligados a continuar trabajando para poder mantenerse en Brasil.

Miles de jubilados y pensionistas en Brasil, continúan trabajando, muchas de las veces en el mercado informal, para complementar una renta que en el 65 % de los casos no supera la de un salario mínimo al mes, que hoy es de 998 reales.

Bolsonaro mete miedo a la clase obrera y todas las capas populares, pero sigue anunciando en alianza con Trump tiempos de guerra contra su vecina Venezuela. ¿será para reducir de doble forma drástica el número de personas pensionistas brasileras?

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