Listas de espera y exterminio social. (en Chile)

DONDE SE CUENTA EL MARTIRIO A QUE SE SOMETE A LOS VIEJOS QUE BUSCAN SALUD EN LOS CONSULTORIOS Y QUE, EN BUENAS CUENTAS, VIENE A SER UNA ENCUBIERTA POLÍTICA DE EXTERMINIO

por Jorge Lillo

(Lira Popular) revista Polítika.

Chile (donde padecieron y padecen desde Pinocho los efectos perversos y exterminadores de las AFP, o sea la privatización de las pensiones).

INVIERNO

Son las seis de la mañana.
Cruzando la población,
mal envuelta en un chalón,
va al médico doña Juana.
Reza a dios que esta semana
haya un cupo de atención
que le otorgue solución
a los males que le aquejan,
y allá va la ¡pobre vieja!
bajo un frío ventarrón.

A las ocho, el consultorio
deja entrar al viejerío
que entra transido de frío
por el trato vejatorio.
El carné en un escritorio
debe dejar doña Juana,
y así pasa la mañana
esperando que la llamen
y la citen a un examen
pa dentro de tres semanas.

Tres semanas otra vez:
ahora llueve en la pobla;
el paraguas se le dobla,
y a veces se dobla un pie.
Aunque no lo crea usted,
sortea la situación
y se adentra en el salón
donde dentro de tres horas
le darán ¡por fin, señora!
diez minutos de atención.

VERANO

Las dos y media. Verano.
Arriba, el sol quema la tierra;
abajo, le hacen la guerra
a los que son veteranos;
pero va don Justiniano,
llevado por su señora,
a mendigar una hora
que le dé la funcionaria,
pa consulta hospitalaria,
porque el cuerpo no mejora.

Larga espera en larga sala.
La sala también sofoca.
El calor seca la boca,
la sudoración resbala.
Tanta espera nos iguala
en paciencia y en sudor.
De pronto grita un doctor
un nombre ininteligible.
Jacinto piensa: “es posible
que el próximo sea yo.”

“No le tocaba este día,
tiene que volver este jueves”.
Como quien oye que llueve
ni lo ayudan ni lo guían.
Afuera, la calle ardía.
Brillante, como aluminio,
el techo de un condominio
le encandila el pensamiento.
Piensa en su último momento:
“política de exterminio”.

DESPEDIDA

Así, señores dolientes,
se trata a los vejestorios
que acuden al consultorio
de este país indecente.
En horarios sorprendentes
se cita a los más ancianos,
sin pensar que no es por sanos
que acuden al consultorio.
De aquí van al velatorio,
viejos moros y cristianos.

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