lira popular

EN LA QUE SE EXPONE EL SUCESO DEL DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA OCURRIDO SIMULTÁNEAMENTE EN TODO EL MUNDO, QUE NOS TRAE EL SOBRE AZUL POR NO ENFRENTAR DE UNA VEZ POR TODAS, LAS COSAS QUE NOS INCUMBEN

Jorge Lillo, desde Chile:

…Y hete aquí que las mujeres
nos dieron otra lección:
no se hace revolución
consensuando pareceres.
Reclamando sus poderes
sin eufemismos ni tongos,
filosóficos rezongos
ni sospechosos consensos,
van al grano sin disenso:
“de mi persona dispongo”.

Desde el austro al septentrión
llenan las calles del mundo
con un discurso fecundo
exigiendo igualación:
“Aquí acabó esta cuestión,
señores y caballeros”.
Se escucha en el mundo entero
que aquí están por sus derechos;
que ni coimas ni cohechos
cambiarán su derrotero.

Mientras tanto, a los varones,
estrategas, mercaderes,
civiles y coroneles
nos asombran sus acciones.
Igual que en los aluviones
de pronto ha cedido el dique;
sin importar un penique,
nos inundan sus demandas.
Nuestro “orden” se desbanda,
hace agua, se va a pique.

Las cosas se hacen o no,
nos enseñan las mujeres:
ya no valen los poderes
que el mercader decretó.
La Mujer se rebeló
sin desmayo ni codicia
contra el orden de injusticia
que la tiene sometida
al simulacro de vida
que este “sistema” propicia.

El “sistema” –que le llaman–
no tiene contemplaciones
con humanas condiciones
que las féminas reclaman.
Por eso hoy día proclaman,
–señoronas y chiquillas–,
esta vuelta de tortilla
que un nuevo orden anuncia.
Las mujeres no renuncian
por reformas-pacotilla.

Caballeros, señoritos,
políticos de colores,
ministros y confesores,
oficiales y conscriptos:
quedamos todos inscriptos
para cambiar con verdad,
regresando a la igualdad
que alguna vez olvidamos,
y si acaso no cambiamos,
la Historia nos juzgará.

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