el aroma del espliego

El aroma del espliego: nos lo dijo un güeligaita, en un lunes lluvioso.

Es una novela trepidante, llena de emoción y de ternura, que narra la azarosa vida de Diego, un morisco que ha de hacer frente a la expulsión decretada durante el reinado de Felipe III, intentado ser coherente con sus principios de honradez y decencia.

“Siempre me han preocupado mucho las minorías”. Con esta confesión por delante no es de extrañar que Miguel Ángel San Miguel se haya fijado en la historia de un morisco para su novela “El aroma del espliego”. “He hecho causa con los pobres de la tierra”, añadió San Miguel, profesor de Geografía e Historia jubilado. Su nuevo libro es, como él mismo lo define, “una historia de solidaridad y de esperanza”, que matiza la historia oficial de que todos los moriscos fueron expulsados. “Y no fue así, ni tampoco todos eran islamistas”, añade.

San Miguel, soriano, se fija en la historia de Cervera del Río Alhama, donde hubo una minoría morisca bastante integrada. Tal es así que cuando el rey Felipe III decretó su expulsión, se produce una explosión de solidaridad de gente que intenta protegerlos: matrimonios de conveniencia, documentos falsos… Incluso la Iglesia Católica se opuso a la decisión del Duque de Lerma y Felipe III. Al protagonista de la novela, Diego, también le llega su oportunidad de salvarse, y lo mandan de rabadán (mayoral de ganado) porque ese cargo le permitía unos privilegios: no podían detenerlo ni interrogarlo, y en cambio sí podía portar armas. Eso le permite ocultarse y luego retornar hasta el Campo de Calatrava, donde quedaron todos los moriscos que tenían privilegios concedidos por los Reyes Católicos.

Miguel había publicado en el año 2007, “Desde el silencio”, un relato impresionante sobre el tema de los fusilamientos durante la Guerra española.

Los moriscos fueron los musulmanes bautizados por una orden dada en el 1502 por los reyes católicos. Muchos ya se habían convertido antes voluntariamente. El número de ellos era muy importante, alrededor de un millón en la España de la época, que contaba con siete millones de habitantes, teniendo en cuenta el elevado número de manos muertas, o inertes, correspondiente a la Iglesia.

La expulsión de los moriscos ya se había planteado en época de Carlos V y luego de su hijo Felipe II, quien actuando como su sobrenombre indica, fue prudente y valoró los pros y contras de semejante decisión. Sus antecesores, los llamados reyes católicos, habían expulsado a los judíos y habían conquistado el reino de Granada . Pero restaba solucionar el problema de los moriscos. Un problema creado precisamente por la Iglesia Católica y sus representantes. Se extendió entonces la Santa Inquisición, y sabemos el celo con el que actuaban. Se había creado al final del siglo XII para combatir a los cátaros, después pasó al reino de Aragón y al unificarse con Castilla, se extendió. Hay que decir que duró hasta 1821, pero la llamada Inquisición Romana estuvo vigente hasta 1965, llamada Congregación del Santo Oficio. Y hay que decir también que este tribunal, que fue parte importante en la expulsión de los moriscos, actuaba con saña. Si en la actualidad existiera un organismo semejante, con los conocimientos que existen sobre la sicología y la siquiatría, podría decirse que la mayoría de los componentes del Tribunal de la Inquisición eran verdaderos sicópatas.

Así como en “Desde el silencio” partió del conocimiento de los hechos por proximidad en el tiempo y transmisión incontestable de los mismos, en “El aroma del espliego” Miguel parte de documentación que sobre estos hechos se conserva, para ubicar la narración en el espacio concreto del valle del río Alhama una comarca donde, gracias a la buena tierra y abundancia de agua, predominaba la huerta, actividad en la que los moriscos eran maestros. Se trata de la zona que rodea al río Alhama.

La mayoría de sus pueblos pertenecieron a la provincia de Soria. También fueron expulsados muchos de Deza, Arcos y Ágreda, y en general de la zona rayana con Aragón, que fue la zona que más sufrió las consecuencias de la expulsión, por el elevado número de moriscos que vivían allí.

La historia de resistencia y solidaridad de “El aroma del espliego” da a conocer las artimañas de las que se valieron para evitar la salida del mayor número posible de moriscos, la más poderosa de ellas el falsear documentos de fechas de nacimiento (a los niños menores de 5 años no los expulsaban).

El protagonista, Diego, marcha al amparo de los rebaños trashumantes , en un recorrido geográfico que supone otro de los atractivos de la novela.

El espliego es la rama que Diego coloca junto a la ventana, para que su mujer Petronila le recuerde, es también el aroma de la esperanza, de las muestras de solidaridad entre prófugos, trashumantes y gentes del camino, el aroma de esa heroicidad y hermandad de individuos particulares y que también florece puntualmente a lo largo de la novela.

La de los moriscos, afirma Miguel, es una de tantas historias de minorías, de perdedores, que hoy serían, en su opinión, los palestinos, los sirios… “Por desgracia las minorías siempre son las perdedoras”, indica. Además de hacer un repaso a la historia de los moriscos, San Miguel recoge también las tradiciones de la trashumancia: cómo vivían, los ceremoniales… El pueblo del que es oriundo Diego, Cervera del río Alhama, perteneció a Soria hasta 1933, y pasó después a La Rioja con la redistribución provincial.

En sus años de docente, San Miguel asegura que no vivió comportamientos inadecuados relacionados con las minorías, y eso que siempre fue de instituto de barrio. “Nunca tuvimos problemas con los gitanos. Sí, en cambio, con alumnos expulsados de colegios privados”.

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