La dictadura de la banca

 

Lo llaman democracia y no lo es …

LA DICTADURA DE LA BANCA

Nuestra época plantea una serie de contradicciones, entre otras, que los bancos centrales presten dinero a la banca, a interés cero –o casi-, mientras ésta lo presta a los Estados a un interés elevado, aumentando la deuda pública, a través de un sistema que       perjudica siempre al último eslabón de la cadena, para beneficio de quien implanta el sistema (la banca)..

El sistema socioeconómico vigente, el capitalismo, cuenta, desde su aparición en el siglo XVI, con varias señas de identidad:

  1. Da prioridad al valor de cambio de las cosas (su precio de transacción en el mercado) en detrimento tanto de su valor de coste como de su valor de uso (su utilidad para el ser humano).
  2. El objetivo central de la actividad económica es la maximización del beneficio para el capital,  con la apropiación y acumulación,  en unas pocas manos, de los beneficios económicos, de los recursos del planeta y de la riqueza social de la humanidad. Al sistema capitalista no le importan los medios a utilizar para conseguirlo: conflictos, guerras, … generando una sensación constante de miedo e inseguridad entre la gente y contribuyendo a la precarización y a la desigualdad creciente.
  3. Sometimiento de la tecnología a los dictados de quienes se han apropiado de la riqueza social, utilizando la educación, los medios de comunicación, la justicia, las religiones, la corrupción y la manipulación, como instrumentos y procedimientos para perpetuar su dominio.
  4. Individualismo y consumismo. El sistema capitalista promueve una visión aislada y consumista del ser humano, donde éste ya no se ve como miembro de una comunidad, que a su vez está integrada con la Madre Tierra y en simbiosis con ella.

Tras superar las fases del mercantilismo y de la Revolución industrial,  el capitalismo está ahora al principio de una nueva fase, que es fruto de la revolución tecnológica y del uso de recursos básicos del sistema, como el dinero. Hoy día, donde se gana, de verdad, dinero es con la especulación. Esto ha hecho que haya un sector que se ha convertido en preponderante: el sector financiero; y, unido a él, la banca. Los bancos no son meros asignadores de capital, a cambio de un porcentaje, sino multiplicadores del mismo, ya que poseen la capacidad de crear dinero de la nada.

La banca es, hoy, la que tiene la sartén por el mango de la economía y del sistema, y lo que les procura las verdaderas ganancias, son los activos financieros intangibles con los que especular en el mercado de valores, los fondos de inversión y otras fórmulas financieras. Gracias a las nuevas tecnologías, el mercado de capitales está funcionando las veinticuatro horas del día, con lo cual puede ganarse dinero de forma ininterrumpida.

Y por encima de los Estados-nación, el sistema financiero ha creado unos organismos internacionales que no rinden cuentas ante nadie (como la Comisión Europea, el Banco Central Europeo, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, …), y que van tomando decisiones sin que los ciudadanos tengamos ninguna capacidad de incidencia. Nuestros Gobiernos se afanan en aparentar que aún hacen algo, pero no pueden hacer absolutamente nada, porque están plegados a ese sistema capitalista gobernado por los bancos y el sector financiero.

Hoy, el poder legislativo, el ejecutivo y el judicial, están bajo el mando directo del mercado financiero y de la banca internacional; y quienes, por las razones que sean, no quieren obedecer sus dictados, son castigados. La reforma constitucional española de 2011, que modificó el artículo 135, estableciendo que el pago de la deuda pública (en manos de los bancos) fuese lo primero a pagar, frente a cualquier otro gasto del Estado, es un buen ejemplo. Y los 60.000 millones a fondo perdido donados a los bancos, otro. El último y reciente, la actuación del Tribunal Supremo, en cuanto a las hipotecas. La banca manda. La banca gana. La dictadura del capital.

El problema que esta situación genera es que la democracia ha perdido su contenido, pues la capacidad de decisión política, en manos del poder financiero, queda al margen de los procesos electorales. ¿De qué vale votar si al final un grupo de banqueros, propietarios e industriales van a imponer su voluntad mediante la trampa de la deuda externa?  Lo llaman democracia y … no lo es.

El resultado de todo ello es el traspaso de lo público a lo privado, el desmantelamiento del Estado del Bienestar, con la consiguiente reducción progresiva del gasto del Estado y el traspaso al poder financiero de los recursos económicos que antes gestionaba el Estado.

En los últimos años, los Estados han pasado a formar parte de la raza de los deudores, a causa del enorme déficit público originado, fundamentalmente, por el gigantesco montante de dinero público que los Gobiernos han desviado a la banca privada. La deuda se ha convertido en el principal generador de ganancias. De modo que la banca y la especulación han tomado los mandos del sistema; con el lema, además, de que todo vale.

Los Estados se ven obligados a acudir al sisema financiero para refinanciar la deuda, con lo que están permanentemente atrapados por dicho sistema. Y de deuda en deuda, se avanza hacia una nueva clase de esclavitud: la de vivir para devolver lo prestado, aunque sea a costa de trabajar más horas y de aceptar el tipo de vida que el sistema impone. A los esclavos que llenan el mundo ya no hay que ponerles grilletes, ni someterlos con latigazos. Se creen libres en la jaula del consumismo con barrotes virtuales forjados con préstamos y deudas.

Ciudadanos, empresas y Estados, plenamente integrados todos en la raza de deudores, estamos a merced de la banca internacional, que nos domina y controla, a través de la gestión de la deuda y del crédito, que amplía y abarata o restringe y encarece, en función de sus objetivos e intereses, y de la paulatina implantación de un supranacionalismo global y no democrático.

Todo esto supone una nueva concepción, del mundo y del ser humano, profundamente materialista, amoral, economicista, perversa y antihumana.

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