Cárceles

Cárceles.


Se presentaba este viernes en el Local Cambalache el documental (que lleva aparejado libro complementario) Nos Robaron las Noches, de autoría francesa autogestionada.


11 mujeres mexicanas dan testimonio de la forma en que la cárcel se apodera de sus vidas: Discriminaciones sistemáticas, roles asignados, apropiación del cuerpo. Expresan sus vivencias, sus luchas y como con el paso del tiempo, llegan a una postura anti-carcelaria.


En el epílogo del libro Pastora González dedica palabras hermosas a las compas de México y un llamamiento para QUE LA LUCHA NO MUERA.


ÉCHELE GANAS, animan en el documental dos de las protagonistas.
Sin embargo en el coloquio posterior en Cambalache la “defensa anticarcelaria” no se desarrollaba en tal línea, pese a alguna sugerencia desde el público.


El documental, pese a ser anunciado de escasos recursos caseros, logra aunar voces importantes sobremanera de familiares de presas y presos.
Sus testimonios dejan abierta la interpretación y desde luego insisten en apoyar las luchas y acompañar a las personas privadas de libertad.


Se indican caminos, observando la incesante lucha, resistencia y trabajo que las mujeres, dentro y fuera de las cárceles, realizan, no sólo como tejedoras de memoria y contra el olvido, sino como portadoras de una lucha incesante contra el encierro, el sistema penitenciario y jurídico. Sin embargo es una lucha muy silenciada, incluso entre la militancia.


El documental no refleja una visión de inocencia y victimista, sino que la palabra de las madres, hermanas, compañeras, mujeres solidarias, hijas y expresas que se confrontan o se han confrontado al sistema penitenciario, al encierro de sus seres queridos, a la lejanía, al desprecio, a la humillación, al sexismo, al maltrato y a la tortura sexual, al hostigamiento, al señalamiento mediático, a la descalificación social, a la estigmatización, a la burocracia y a la ausencia de justicia, nos anima al acompañamiento y la implicación.


Muchas de sus experiencias no son exclusivas de México. Que las mujeres presas reciben menos visitas que los presos, es algo relatado y comprobado en Villabona, cárcel de Asturias: muchas de las privadas de libertad, particularmente extranjeras, nunca reciben visitas, como han indicado con preocupación los escasos colectivos que acuden a realizar tareas de apoyo en la prisión asturiana.


Que las mujeres son maltratadas y humilladas para entrar en las prisiones a visitar a sus familiares, se ha podido testimoniar en todas las latitudes, por ejemplo en el “escándalo” momentáneo de la denuncia de delegación asturiana en cárceles chilenas, cuando visitaban presas y presos mapuche.

Los medios se hicieron eco porque eran extranjeras y blancas las maltratadas, pero esa ruta de humillación la obligan a transitar a mujeres mapuche, con impacto mayor en sus vidas.


Que hasta la propia pandemia vírica es utilizada contra las mujeres presas, pudo comprobarlo y sentirlo la delegación asturiana en Colombia en marzo del año anterior, cuando el virus todavía no se había expresado en confinamiento, pero fue motivo alegado para que la cárcel del Buen Pastor de mujeres en Bogotá no permitiera el acceso de la delegación, que a tempranas horas llegó a su puerta con toda la papelería en regla, y pudo ver, si, las largas colas de familiares en visita, en su mayoría mujeres , con sus bolsas transparentes y sus procedimientos complejos y arbitrarios para poder llegar a sus familiares o al menos hacerles llegar alimentos o materiales de primera necesidad.


Pandemia vírica que también supone nuevas discriminaciones para los prisioneros palestinos, para las y los kurdos en Turquía, o estadounidenses en cantidades millonarias en yanquilandia.


Una constante, aprendida de los movimientos sociales latinoamericanos, es que el acompañamiento a las presas y presos forma parte integral de las acciones comunitarias.


De esa manera los colectivos internacionalistas asturianos han podido entrar a cárceles, en circunstancias diferentes, tratando de paliar la soledad y el aislamiento.


En el propio Perú de Fujimori se pudo entrevistar a numerosas mujeres en la cárcel de Chiclayo: todas habían sido violadas por el ejército. A todas las encarcelaron con acusaciones de connivencia con grupos guerrilleros simplemente por vivir en el Ande. Todas padecían la más absoluta indefensión, y hasta la responsable del penal se quejó a la delegación de la falta de medios para atenderlas mínimamente.


En la cárcel de Marcos Paz en Argentina se pudo visitar a los presos paraguayos, de la mano de las Madres de la Plaza de Mayo, antes de que los deportaran a Paraguay. Posteriormente un documental sobre su situación fue proyectado en el propio Cambalache. http://asturnews.com/soldepaz-pachakuti-y-cambalache-denuncien-la-situacion-de-los-campesinos-paraguayos-presos/


Muchas de las cárceles colombianas (La Picota y la Modelo en Bogotá, La Picaleña en Ibagué, La Tramacua en Valledupar, la de Corozal , la Buen Pastor de Bogota..), han tenido visitas sucesivas de delegaciones asturianas, aunque otras muchas veces esas visitas han sido impedidas.


Es particularmente significativo, en esta consideración, la vista y entrevista realizada al espacio de Gualanday a Feliciano Valencia, líder indígena, que ya había pasado un tiempo en una prisión convencional, y el movimiento indígena había logrado que una parte de su condena pasara a la justicia indígena. Es significativo por el propio caso: un montaje para criminalizar al movimiento indígena a través de sus líderes. Una captura in situ de un militar infiltrado en una movilización, con instrumentos militares para provocar un posible atentado, y la aplicación de justicia indígena al militar, y la posterior venganza sobre el movimiento. Y significativo porque Gualanday y otros son centros de armonización, donde el concepto carcelario queda en entredicho, y la “armonización” de quienes hayan sido “desarmonizados” contiene otros conceptos derivados de lo colectivo, de la reparación colectiva, del trabajo comunitario: de esa forma la delegación asturiana llegó a ese lugar sin vallas ni puertas para encontrarse a Feliciano Valencia sembrando frijoles. Además posteriormente fue apelada y ganada esa causa, y hoy Feliciano es senador de la República de Colombia.


Sin embargo, delegaciones asturianas que lo han intentado, no han tenido acceso a cárceles mexicanas. No ha sido posible en Oaxaca, lugar de varias de las intervinientes en el documental y no ha sido posible en Atenco, lugar de prisión de otra de las mujeres de Nos Robaron las Noches. Y eso que.. el “caso Atenco”, ha tenido repercusiones mundiales, y al menos dos delegaciones del Frente de Pueblos en Defensa de la Tierra, han llegado hasta Asturias, para recibir el premio DDHH del ayto de Siero, y para agradecer después el uso de ese y otros recursos para sacar a sus presos.


Fueron muchas las personas prisioneras, y durante mucho tiempo a las puertas de la prisión se estableció un campamento de apoyo y denuncia. No más hasta allí pudo llegar la citada delegación asturiana. De entre esa enorme represión (que incluyó numerosas y documentadas violaciones de derechos y mucha violencia sexual de los policías del operativo) fueron saliendo sucesivamente presas y presos, para quedar cuatro de ellos con una enormísima sentencia de más de 60 años, incluido el profe Ignacio del Valle. Finalmente, tras cuatro años larguísimos de prisión de máxima seguridad, la sentencia fue resuelta y quedaron en libertad, lo que supone un triunfo flagrante de las luchas.

En el PRÓLOGO del libro, Marta Romero escribe:


El libro que tienes entre tus manos es un libro indispensable. Por su temática, su relevancia y por el proyecto que lo ha alumbrado. Ha sido el fruto de una larga cadena interconectada que como la urdimbre que se amarra con firmeza en el telar, sostiene cada hilo haciendo una red inseparable y un tejido de cariño infinito.
Así es como comienza este camino de solidaridad. Un grupo de madres, compañeras, mujeres solidarias, hijas, presas y ex-presas de México que viven en carne propia los atropellos de la violencia institucionalizada y legitimada del estado, alzan su voz. Es desde su lucha anónima y continuada en el tiempo contra los muros de las cárceles, como afrontan toda la tristeza que encierran los mismos. Posteriormente, se juntan y organizan para compartir sus duras experiencias, apoyarse económica, judicial y por supuesto, emocionalmente. Son estas vivencias sentidas y encarnadas las que van dando forma al documental junto con el colectivo Les trois passants de Francia. Más tarde se ponen en contacto con Pastora González Vieites, madre de Xosé Tarrio González y ejemplo de lucha incansable anticarcelaria y por la libertad. Finalmente, las ratuelas de la Editorial Imperdible deciden transcribir el documental y editarlo como ha llegado hasta ti, en forma de este libro. Libro pequeño de tamaño pero enorme de sentimiento y hecho desde lo más profundo de los corazones.
Este es el resultado de ese periplo de solidaridad, de esas ansias de libertad, admiración y respeto mutuo por quienes desde sus rincones, desde su experiencia personal gritan contra las injusticias de este mundo con una fortaleza y dignidad constantes que hacen enmudecer al resto de la sociedad. Sociedad que por lo general mira hacia otro lado o esconde la cabeza, porque eso es lo que buscan las cárceles en todo el planeta. Es decir, que no se hable, que no se cuestione lo que hay en su interior ni cuántas vejaciones y humillaciones sufren quienes están dentro recluidas/os, en cualquier país, en cualquier época.
En la actualidad, las cárceles son lúgubres lugares alejados de los centros urbanos donde domesticar y encarcelar a personas consideradas ‘desechos’ sociales, pobres, personas racializadas y disidentes político-sociales. Además, se han construido históricamente desde una perspectiva androcéntrica, patriarcal y colonial.
Qué razón tiene Pastora en el epílogo de este libro cuando dice que las mujeres, al igual que las personas presas, estamos olvidadas. Entonces, si las mujeres presas son doblemente olvidadas, mucho más lo son las que acompañan y cuidan a presos y presas.
Lo que hace verdaderamente valioso este libro es la alta dosis de coraje y valentía de todas las voces aquí incluidas, lo cual hace que posea una calidad humana increíble. Al escuchar sus historias no puedes si no estremecerte, a la par que recuperar cierta confianza en la humanidad y comprender una vez más que el único camino es la lucha y la unión. Es “la incesante lucha, resistencia y trabajo que las mujeres (dentro y fuera de las cárceles) realizan, no sólo como tejedoras de memoria y contra el olvido, sino como portadoras de una lucha incesante contra el encierro (la cárcel), el sistema penitenciario y jurídico. Sin embargo, incluso en los medios contestatarios, poco se dice sobre ellas, poco sabemos de ellas, poco se escucha”. Por ello, este libro resulta más relevante que nunca y es que lamentablemente lo que se cuenta entre sus páginas no pierde vigencia.
La primera parte del libro presenta y explica cómo nació el proyecto del documental colectivo “Nos robaron las Noches” en el año 2006 (cuando también se formó el colectivo Les trois passants) para posteriormente grabarse en México durante los años 2016 y 2017. En la segunda parte comienza la transcripción del documental propiamente dicho con la presentación de las 11 compañeras que lo hicieron posible. Finalmente y cómo no podía ser de otra manera, el epílogo corre a cuenta de nuestra querida Pastora con unas sentidas y sinceras palabras hacia las compañeras de México protagonistas del documental. A ello le sigue la respuesta de éstas a través de cartas recordando lo increíble que era y sigue siendo Pastora y su legado de lucha.
Sin más preámbulos, que comience la lectura y que nunca decaiga la lucha…


El libro puede adquirirse en Cambalache.

Bernardo Caal, líder del movimiento en resistencia contra el proyecto hidroeléctrico Oxec I y II, manifiesta enfrente de la Corte de Constitucionalidad empugnando una copia de los resultados de la consulta comunitaria recién realizada en el territorio de Cahabon


La reflexión de ámbito mexicano (con testimonios de 2016) nos permitiría trasladar a la preocupación del presente en ámbitos diversos. Y si nos centráramos solo en la geografía centro-norteamericana, habría que reiterar la necesidad de seguir exigiendo la libertad para tantas y tantos activistas ambientales, indígenas, comunitarios, a los que se les aplica la cárcel como represalia por defender y preservar territorios:

Bernardo Caal Xol (preso de conciencia por Aministía Internacional) está en la prisión de Alta Verapaz, y es un preso político del pueblo Maya Q’eqchi por defender los ríos y el territorio de Cahabán, criminalizado por la empresa hidroeléctrica OXEC, ligada a Florentino Pérez-ACS. “La Justicia es una serpiente que muerde solo a los descalzos”, ha dicho el profe Bernardo, que siendo el denunciante, ha resultado encarcelado, pese a varias sentencias favorables a las comunidades contra la hidroeléctrica o la ausencia de consulta indígena previa. Bernardo en verdad es un preso de Florentino, lo mismo que Prudencio Ramírez, alcalde comunitario en el Ixcán, encarcelado por aplicar el reglamento interno indígena, es un preso por desconocimiento del estado guatemalteco de la justicia indígena propia.

Por su parte Ana González, comunicadora comunitaria maya K’iche’, en San Francisco el Alto, Totonicapán, tras padecer detención arbitraria cuando emitían programa de radio educativo, ha sido condenada a permanecer en silencio durante dos años y no podrá ejercer su derecho a la comunicación en ninguna radio, lo que a todas luces no es sino una atentado a la libertad de expresión de las comunidades.


En Honduras es sangrante el caso de 8 defensores ambientales, (defensores del agua en la misma patria donde en 2016 fue asesinada Berta Cáceres, defensora de los ríos y premio Goldman ambiental), caso conocido como Guapinol en el Caribe hondureño.


Los 8 de Guapinol están presos preventivamente desde agosto del 19, por señalar la ilegalidad de la explotación minera Emco Mining Company, de la mayor terrateniente de Honduras Ana Facussé .


Y en los propios Estados Unidos Mexicanos el senado ha reportado 176 presas y presos políticos, principalmente en Chiapas, Guerrero y Oaxaca, que han sido excluidos de la amnistía propiciada al inicio de la pandemia.


Por su parte los otros Estados Unidos, los del norte, registran la mayor tasa de población reclusa del mundo, con 655 prisioneros por cada 100.000 habitantes, con 2,5 millones de personas presas. Entre ellas, dos de los presos políticos de más prolongada prisión: el negro Mumia Abu Jamal, ex pantera negra, 39 años preso, y el indio lakota Leonard Peltier, que tiene 76 años y en febrero cumplirá 45 de prisión.


2,5 millones de personas presas.. para un extraordinario negocio carcelario en el que participan las corporaciones empresariales más poderosas; una gigantesca máquina de hacer dinero para las empresas privadas que se encargan de administrar y mantener las prisiones, convirtiendo a los reos en un engranaje lucrativo.

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