CARTA, algunas palabras, a nuestra descendencia..

Compartimos: ALGUNES TRAVESURES DEL CURSU 2019 – 2020 

 

CARTA ABIERTA A LA JUVENTUD, A NUESTRA DESCENDENCIA



A nuestros nietos y nietas hemos de explicarles lo que, quienes integramos el colectivo “Güeligaites d’Asturies”, sentimos cuando hablamos de nuestra patria. Tienen que saber que no olvidamos la limpieza étnica, ideológica y cultural, que se hizo en este país, hace años, con el fin de acabar con la libertad, la igualdad y la solidaridad que empezaba a nacer en aquella España republicana.

¡Pobre España, desmemoriada y mutilada, con una historia reciente y olvidada de forma injusta y vergonzosa!

Nuestra descendencia tiene que conocer que, a nosotros y nosotras, nos cuesta decir ¡Viva España!, mientras siga habiendo muertos en las cunetas y mientras ése sea el grito de los vencedores de aquel miserable levantamiento contra el pueblo español, provocado por los violentos que aman las guerras y por los que no dudan en utilizarlas para imponer su sistema de miedo, orden y muerte.

En estos días de pandemia por la COVID 19, los medios de comunicación de España se hacen eco del drama de los familiares que no han podido despedirse de quienes murieron, aislados y víctimas del virus, así como de su entierro en soledad, aunque se anuncia un funeral de Estado en su memoria.

Güeligaites d’Asturies nos sentimos solidarias/os con ellos y ellas, a la vez que revivimos el dolor de aquellos otros familiares que, en su día, tampoco pudieron despedirse de sus muertos, víctimas de la masacre sufrida por nuestro pueblo a manos de los virus esparcidos por el golpe militar de 1936 (guerra, odio, matanza, revancha, miedo, …). Muchos de esos muertos siguen sin enterrar, todavía «aislados» en la soledad de las cunetas. Y, después de tantos años, seguimos esperando, no funerales de Estado, sino verdad, justicia y reparación.


Como escribe Ramón Lobo, en InfoLibre, el 18 de junio, “en España carecemos de una memoria de la Guerra Civil y de la dictadura… No tenemos lugares emblemáticos que visitar…Los países sin una memoria democrática sólida suelen tener democracias frágiles e incompletas”.
La juventud tiene que saber que quienes manejan los hilos del poder, en este país, siguen haciendo uso de la mentira y la violencia para defender sus privilegios desde la sombra de las Bolsas, las Iglesias y otras instituciones (judicatura, ejército, fundaciones, …), utilizando los medios de comunicación para seguir justificando la injusticia, la desigualdad y la corrupción en la que fundan su poder y su riqueza… ¡ay! las dos Españas de Antonio Machado… A nosotras y nosotros nos duele España y nos cuesta hablar de una patria, sin himno y sin bandera, de la que se han apropiado unos pocos, por la fuerza de las armas, para despojarnos, a la mayoría, de la posibilidad de vivir dignamente, dejándonos desamparados y huérfanos de una España mejor, más educada, más igualitaria, libre y solidaria.

¿Entendéis por qué nuestro grito sólo puede seguir siendo: ¡Viva la República!?
El mismo Ramón Lobo, en otro artículo publicado en InfoLibre el día 11 de junio, escribe que “somos uno de los pocos países del mundo que lleva varios siglos discutiendo sobre las mismas cosas sin avanzar demasiado… La Constitución de 1812 – La Pepa – fue un proyecto de modernización política y cultural en un país atrasado, sometido al fanatismo religioso y a una nobleza improductiva.

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No fuimos capaces de construir un Estado moderno y eficaz, unitario o federal, cuando tocaba hacerlo a finales del XIX. El siglo XX estuvo
dominado por el trauma de la Guerra Civil y de una dictadura de 40 años. Fue una lobotomía. En los momentos históricos se impusieron las cadenas, no la Razón, y así nos va… La España actual carece de símbolos comunes incontestables. La bandera no une… Han pasado 42 años desde la ratificación de la Constitución Española, y no hemos conseguido crear una relación emotiva con la bandera. Tampoco con el himno…”
Esperamos poco de quienes siguen atizando divisiones y violencia. No esperamos, ni siquiera, que nos escuchen y entiendan. Pero de la mocedá esperamos un mundo mejor y una España más digna y justa que la que nos ha tocado vivir a nosotros y nosotras. En este país siguen siendo vilipendiadas y olvidadas, personas que, aunque perdedoras de aquel golpe militar fascista-nacional-católico, son reconocidas en Europa como héroes de la democracia por su lucha y victoria contra el fascismo y el nazismo.
Conocer la historia tiene que servir para no repetir errores. Por eso nuestros nietos y nietas deben conocer cómo fueron aquellos tiempos, a los que ahora parece que algunos quieren hacernos volver.

Ángeles Caso, en su novela “Un largo silencio” relata una escena propia de aquella España en la que había, por un lado, “hombres insolentes que lanzaban sus miradas llenas de soberbia sobre los otros” y “mujeres emperifolladas que aprietan el misal entre las manos”, y, por otro, “hombres acobardados que rehuyen los ojos ajenos” y “jovencitas flacas que caminan vergonzosas, humilladas bajo el peso mojigato de sus mantillas”.

Tenemos que estar atentos, porque grupos de la derecha y la extrema derecha “española y patriótica”, añoran la época a la que pertenece la escena que Ángeles Caso describe en esa novela, cuando un grupo de falangistas, que ocupaban parte de la plaza de un ayuntamiento, cantaban el “Cara al sol”, “alzados y firmes los brazos”, mientras “la gente que pasa les devuelve el saludo y grita con ellos ¡Viva Franco! y ¡Arriba España!…

Hay un momento en que varios falangistas rodean a un campesino que ha pasado “sin levantar el brazo”y un “tipo recio, de bigote fino y mirada torcida lo agarrará por los hombros” y, echando mano a su pistola, le dirá: “De rodillas… levanta el brazo y canta el cara al sol”.

Cuando el campesino contesta que no se lo sabe, “el pistolero le cogerá por los pelos y le obligará a levantar la mirada” y, poniendo el arma sobre su frente, le dice: “Con que no ¿eh? Así que eres uno de esos rojos ignorantes que ni saben ni quieren saber”.

Después de que “un coro de voces” inicie la primera estrofa del himno, el cabecilla dirá al campesino: “¡Ahora canta tú! ¡No te oigo bien! ¡Más alto!”

El hombre, asustado, apenas logrará abrir la boca e intentará repetir los dos primeros versos, mientras el falangista le gritará: “¡No te oigo bien! ¡Más alto!… ¡Así me gusta!. Ya seguiremos con esta lección… Ahora grita: ¡Arriba España!”

Apenas termina de gritar, el pobre hombre recibe un golpe en la sien que le deja desmayado. Los falangistas rodearán a su camarada y le darán palmadas en la espalda. La gente se irá de la plaza y unos “lamentarán el incidente, pero disimularán como puedan su desagrado”, mientras otros “aplaudirán y luego irán a misa y comulgarán”.

En aquella España mucha gente fue obligada a guardar “un largo silencio” porque les habían robado “el pasado y la esperanza”, teniendo que sufrir “la sombra melancólica de la resignación” y sobrevivir con “el fulgor obstinado del ansia de vivir”. De esa resignación, de ese silencio venimos nosotros y nosotras. Por eso tenemos la obligación de decir a nuestra descendencia que hay que parar al fascismo, al militarismo, a la violencia de la testosterona, al griterío, a la sumisión del misal, al autoritarismo, a la mentira y al chantaje de los medios ideológicos, informativos, económicos, que nos quieren imponer lo que tenemos que pensar, lo que podemos hacer y lo que debemos sentir.

El ansia de vivir en libertad tiene que servir para derrotar, pacífica y activamente, a quienes practican el odio y la xenofobia y a quienes esconden su egoísmo antisocial detrás de símbolos que aluden a algunas instituciones, banderas y “patrias”que no nos representan.

No queremos que la juventud olvide las palabras de José Luis Sampedro: “Nos enseñan a creer en los que nos dicen. Primero a creer y luego a razonar sobre lo creído. Pero la libertad de pensamiento es justo al revés. Lo primero es razonar y luego creer en lo que nos parece bien de lo que razonamos. Porque, si no tenemos libertad de pensamiento, la libertad de expresión no tiene ningún valor”.
Terminamos con las sabias reflexiones de Ramón Lobo, en el artículo, ya citado antes, de fecha 18 de junio, donde escribe que “hay gente capaz de decir mucho todos los días sin pensar una sola vez en todo el año… Es necesario un ejercicio poco español, el de la escucha del otro… un intento de comprender, desde el respeto, a quien nos habla. No sabemos discrepar, reconocer que el otro puede tener algo de razón, aportar algún detalle, aunque sea nimio, que permita confirmar o enriquecer nuestro discurso… Es un problema que se resuelve en la educación”.
¡Por una España patria de todas y todos los españoles y españolas!

En Asturies, a 20 de xunu de 2020.

www.gueligaites.org

Míralo en PDF:  gue8

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