Lo Común

LO COMÚN : En tiempos del coronavirus se agudiza la necesidad de cambiar de paradigma .

El libro “Común, ensayo sobre la revolución del siglo XXI”, escrito por Christian Laval y Pierre Dardot, es una llamada a replantearnos otra alternativa de vida ante las nefastas consecuencias del neoliberalismo en todos los ámbitos, político, económico y cultural.

La mayoría de los movimientos de resistencia (y Güeligaites d’Asturies nos sentimos parte de ellos) están de acuerdo sobre los efectos destructores del capitalismo y sobre la necesidad de un nuevo orden mundial construido sobre principios distintos a los de la competencia, el beneficio individual y la explotación a ultranza de los recursos naturales.

La pandemia del coronavirus no hace más que reafirmarnos en la necesidad de lo común, de lo público. Esa es la única alternativa ¡¡YA!!.


Salud, educación, alimentación, vivienda y trabajo son derechos fundamentales que deben ser universalizados y materializados en la práctica cotidiana.

De ahí la necesidad de cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS): 17 objetivos de la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible y la transformación de nuestro mundo.

Tenemos que ser conscientes de que el mundo se está agotando. Podemos reciclar algún plástico, bajar el consumo de grasa animal, comprar productos bio o hacer algún donativo a proyectos alternativos, pero eso no basta… Hace falta cambiar los fundamentos profundos de nuestras vidas. ¿Estamos dispuestos a ello?.

¿Es posible imaginar que vayamos a renunciar a los requisitos de consumo que hasta la fecha poseemos?. ¿Es posible imaginar que una gran parte de la humanidad decidamos abandonar el círculo vicioso del trabajo-consumo-más trabajo-más consumo, para albergar algún tipo de alternativa más natural, más en acorde con la naturaleza, y para adoptar una perspectiva de decrecimiento en la que menos es más y donde las cosas empiecen a cambiarse por las experiencias?.

La patogénesis de la enfermedad que padece el planeta no es la del coronavirus, es la de la avaricia. Nos hemos convertido en una plaga que está envenenando todo cuanto tocamos. Ya somos más de siete mil millones de habitantes con deseos de crecer y crecer y crecer, sin darnos cuenta de que vivimos en un planeta finito.

Las alarmas crecen, el mundo está enfermo (no sólo por la pandemia actual). El sistema capìtalista, del que somos esclavos, no nos permite ver con sinceridad y valentía lo que está ocurriendo. Tampoco nos permite actuar en consecuencia. Faltan grandes dosis de lucidez para tratar de salvar el mundo, y de paso, a nosotros mismos.

Espubliza: www.gueligaites.org info@gueligaites.org


Estos días de solidaridad muestran que necesitamos sentido común para defender el interés común.

Si la globalización produce el final de los bienes comunes (agua, tierra, biodiversidad, cultura, salud, etc.) tenemos el deber político, económico y ecológico de oponernos a esa tendencia a privatizarlo todo, para recuperar lo común, lo que es de todos y todas.

Frente a la privatización y los recortes, defendamos lo público, lo común.


Necesitamos crear y renovar reglas de gestión de lo común para defender los intereses de la comunidad frente a la agresión constante de las clases dominantes. La cultura de la propiedad privada no es solamente un dispositivo para extraer provecho del trabajo ajeno, sino que termina siendo una amenaza que afecta a las condiciones de vida de la sociedad en general.

La sanidad madrileña es un claro ejemplo de las políticas de desmantelamiento de los servicios públicos sanitarios, porque ahora estamos pagando la falta de recursos ante esta pandemia del covid-19..
¡Nunca más recortes y privatizaciones!.

No podemos permitir que los servicios públicos vuelvan a estar amenazados por intereses privados que traten de reconducirlos al ámbito de la competencia mercantil. La defensa de lo común plantea la protección de los bienes comunes naturales, culturales, urbanos, rurales, etc. frente a la ola expansiva del capitalismo neoliberal.

Y es fundamental plantearse la recuperación del conocimiento y de la información, porque el mercado de la propiedad intelectual y de las patentes puede llevarnos al bloqueo del acceso al conocimiento y al agotamiento de los flujos de información.


Y no basta con conquistar parte del poder y ocupar posiciones en el gobierno del Estado para poder cambiar la tendencia privatizadora.

Necesitamos institucionalizar la democracia real, porque sólo desde los movimientos sociales y de las luchas que transforman o remodelan la realidad, pueden surgir formas políticas nuevas.

El paradigma de lo común tiene dos aspectos: uno defensivo y otro ofensivo. De entrada es un movimiento de defensa de todos los recursos comunes existentes, que deben permanecer a disposición de toda la sociedad y de las generaciones venideras. Igualmente tenemos que defender los servicios públicos organizados por el Estado, ya que contribuyen a generar condiciones comunes en toda actividad social.


El servicio público es la traducción de una necesidad objetiva que debe ser satisfecha para beneficio de toda la sociedad. Se trata de crear y garantizar, no sólo los bienes, sino el acceso a las condiciones, los servicios y las instituciones.

No hay más que mirar a países “campeones del capitalismo” para darse cuenta de las deficiencias del neoliberalismo, sin necesidad de que la pandemia del Covid-19 las haya agudizado.


La vertiente ofensiva del movimiento de los comunes radica en la promoción de prácticas de puesta en común de esos recursos recuperados para la comunidad, para repensar un nuevo orden social y una nueva gestión política y ecológica.

Deben ser los miembros de la propia comunidad quienes pongan en común sus saberes y competencias para crear nuevas experiencias de vida en común, basadas en valores como la solidaridad, la cooperación, el intercambio, el respeto al otro, el respeto al entorno y a la biodiversidad, etc.

El capitalismo del siglo XXI adopta la forma, más líquida y volátil, del capital financiero frente al productivo, y se ha convertido en refugio de rentistas y parásitos separados de la producción. El capitalismo rentista busca apoderarse del trabajo colectivo de la sociedad del conocimiento, mientras la política de lo común exige crear instituciones de autogobierno que permitan el despliegue más libre posible de la acción común, dentro de los límites que la propia sociedad se imponga y de acuerdo a la reglas de justicia que se establezcan de común acuerdo.


La política de lo común debe tener en cuenta, también, y no solo en casos de pandemia, como el actual, el carácter mundial de las luchas que se libran frente a los modos de dominación que estructuran nuestra vida y trabajo.

No puede haber institución de lo común a escala del conjunto de la sociedad sin que el derecho de propiedad privada del propietario o del capital sea sometido al derecho del uso de lo común.

“Toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general. (Articulo 128.1 de la Constitución española)”.

Por eso tenemos que recuperar la economía social frente a la competencia propia de la esfera de lo privado. Y para ello necesitamos el fortalecimiento de la sociedad civil.

 

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https://www.fuhem.es/papeles_articulo/derechos-humanos-y-buen-vivir-sobre-la-necesidad-de-concebir-los-derechos-desde-una-vision-relacional/

 

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