Machismo y militarismo van juntos.

Machismo y militarismo.

No es solamente la familia de Lorena la que se siente arropada cuando una alcaldesa expresa unánime apoyo y rechazo a su crímen, son muchas las colectividades que consideran esa la actitud correcta y la valoran.

Ya el lunes 3-F, cuando Güeligaites estaba compartiendo tema de violencias en la plaza, condenaba y rechazaba tempranamente el crimen machista de Lorena. Estamos pues en sintonía.


Y por eso choca-más este contrate poderoso entre común defender a machamartillo la igualdad y los derechos, esenciales para la Vida, y que por otro lado nos distanciemos de la alcaldesa sobre su increíble e inesperado apoyo y defensa de los valores militaristas explicitados en el desfile militar de aviones militares con presupuesto militar en nuestros cielos.

En el intercambio epistolar con las dos últimas alcaldesas hemos podido mostrar datos, incluso respuestas parciales en el Congreso de los diputados, sobre el uso propagandista de dicho evento militar para vender armas. Armamento pesado y de alta criminalidad.


Esta semana teníamos previsto presentar otro libro con su autor, el investigador del Instituto para la Paz Delás Pere Ortega, solo que una estafa de una línea aérea lo ha imposibilitado y se ha tenido que aplazar.

Dinero y militarismo. Ni es el primero ni es el último que Pere Ortega presenta como síntesis de investigaciones sobre gasto militar. Enorme y mortífero. Cuanto más se destina a esos gastos de la industria de la muerte menos a necesidades sociales. Menos a la Igualdad, Menos a la lucha urgente contra el machismo que mata.


La relación tan estrecha entre machismo y militarismo no deriva solamente de que con tanta frecuencia entre los agresores violentos aparezcan militares u otros cuerpos armados, ni siquiera de que el asesino de Lorena haya sido legionario, o el de ayer en Granada también sea un legionario.

Forma parte de la enseñanza de raíz vertical y franquista la imposición jerárquica y el desprecio a los derechos de las mujeres, como forma parte de cualquier pedagogía sana tratar de revertir esos malos antivalores.

Que el militarismo es una derivada más del patriarcado que legitima y perpetúa la violencia contra la mujer, parece fácil de constatar.

El discurso bélico retroalimenta las estructuras patriarcales y pone los recursos materiales y humanos al servicio de la guerra. El militarismo, de hecho, influye en la economía, en los medios…”, concluye la autora del informe Género y cultura militar. Vidas, cuerpos y control social en la guerra, Nora Miralles.


Desde Colombia, país con siglos de conflictos armados, las mujeres han dicho cosas como:

En contravía de nuestro sentir las mujeres somos involucradas en el negocio de la muerte. En nombre de la libertad se ahogan las posibilidades reales de ser mujeres hacedoras de nuestro destino, porque sin permiso es usado nuestro territorio-cuerpo y porque los guerreros imponen los límites, la guerra sacude nidos y tumbas… La guerra tapiza de resentimiento los caminos de la esperanza. Ni en nombre de la justicia, ni de la equidad justifican tanta orfandad, tanto desarraigo y tanta sordera ante la vida y ante la muerte”   (Ruta Pacífica MujeresCG. Colombia).


Otras autoras demuestran el uso de la violencia contra las mujeres “como arma de guerra” permanente contra las mujeres.

Los delitos de violencia sexual son una expresión más de los métodos de la institución militar, consecuencia directa de lo que se inculca a los soldados en los cuarteles y que los mandos toleran silenciando sus desviaciones demasiado agresivas contra las mujeres, antes, durante y después de los conflictos, buscando que queden impunes.

Métodos que han llegado a justificar violaciones masivas de “mujeres enemigas” como arma de guerra.


Frente al militarismo y la guerra, las mujeres constructoras de Paz, han defendido la universalización de los valores ligados a la preservación de la vida y el cuidado de las personas.

Si la guerra es el máximo exponente de la violencia del militarismo y del machismo para mantener el poder sobre “los y las otras” a través del miedo, la fuerza y la muerte, lo que corresponde fomentar, sin ninguna duda (y no solamente el 30 de enero) son los Valores de la Paz.

Y por lo mismo el rechazo a exhibiciones militaristas que tienen demostrado y reconocido objetivo promocionar los instrumentos de matar, y de paso asustar. Que es lo mismo que negar Derechos.


Sí, Trump utiliza toda su farfullería de matón desestabilizador planetario para obligarnos a nuestro país y a Europa a comprar y vender más armas.

Pero señora alcaldesa no nos es permitido dejarnos, y las mujeres como tantas veces estarán a la vanguardia de la Paz.

Festivales de viento sí, aviones de matar en nuestros cielos NO.

«Sra. Alcaldesa, fáiganos casu. Festival Aéreu Militar, en Xixón NON. Los gastos militares … pa pensiones, educación, servicios sociales y sanidá».

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