¿Hablamos de violencias?

Los lunes al Sol..  y este lunes 3 con el asunto de las violencias..

 

Más que violentos, nosotros optamos por ser beligerantes en el uso del razonamiento, exponiendo las causas reales de las desigualdades y de las injusticias y diciendo las cosas claras.

Güeligaites d’Asturies queremos poner luz en medio de las sombras y salir de la desinformación y de la ignorancia, porque la confusión, la mentira, el engaño, las trampas ideológicas, la violencia y el miedo, sólo interesan a los dueños del poder, para seguir ocultando los robos y expolios que este sistema les permite llevar a cabo a costa de perjudicar a la mayoría de la población y al planeta.

Güeligaites d’Asturies denunciamos que

VIOLENCIA ES .. . tener millones de parados y que miles de hogares no pueda n llegar a fin de mes VIOLENCIA ES… que haya niños sin comer , casas sin gente y gente sin casas .

VIOLENCIA ES… privatizar las pensiones y deteriorar los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia,…)

VIOLENCIA ES… que haya paraísos fiscales , amnistiar a corruptos y evasores y no aplicar una reforma fiscal justa y proporcional

VIOLENCIA ES… exigir hacer más horas de las legales , sin cobrar, y ofrecer trabajos precarios y contratos basura

VI O LEN CI A ES… subvencionar a la banca y a fondos buitre y priorizar el pago de la deuda antes que atender a las demandas sociales

VIOLENCIA ES… que los ricos sean cada vez más ricos mientras los pobres son más pobres cada vez

Güeligaites d’Asturies criticamos este modelo impuesto, insostenible e i n s o li d a r i o , que, en su búsqueda del máximo beneficio, convierte a las personas en mercancía y expolia los recursos limitados del planeta, y aspiramos a contribuir en la construcción de un mundo mejor , denunciando, con métodos no violentos, toda injusticia y buscando alternativas hacia una sociedad más justa, solidaria y respetuosa con el medio ambiente.

Reclamamos una vida digna, trabajo, casa, pensión, servicios públicos y servicios sociales para todos y todas … A nuestras reclamaciones, y, por supuesto, a las de muchos otros colectivos, este sistema capitalista neoliberal, injusto, desigual y depredador, suele responder con:

Represión mediática, que ejerce a través del silencio la marginación en los medios de comunicación, de los que son dueños los amos del poder. Otras veces manipulan la noticia para tratar de defender los intereses de esos amos y generan campañas y primeras páginas con declaraciones de los políticos que están a su servicio.

– Represión política, ya que esos poderosos son los que no se presentan a las elecciones y que, gobernando en la sombra, administran prebendas mediante reparto de cargos en sus consejos de administración o sueldos elevados a determinados políticos que “les bailan el agua”. Este uso de los políticos que defienden las ideas y los intereses de los “amos”, es una forma más de represión política.

– Y represión policial; cuando las dos formas anteriores de represión no son suficientes, el poder recurre a la represión policial y para eso sigue vigente la ley mordaza.

Llegados a este punto, queremos estimular reflexiones sobre la tensión entre violencia y protesta, durante las manifestaciones. Desde luego, la violencia nunca es deseable, pero a veces es inevitable, porque el poder económico, aunque se ampara en “su” legalidad, nunca se ejerce de manera pacífica y lesiona derechos de la mayoría en beneficio de los privilegios de una minoría.

Habría que definir de qué violencia estamos hablando y de qué protesta social. La violencia puede ser una opción desesperada y trágica, en la que está inscrita la rabia y la desesperación. Entonces ¿quién la provocó? Muchas veces existe esa violencia como legítima respuesta a la violencia previa ejercida desde el poder.

Hay que evitar caer en la trampa de que, la violencia aislada de algunos manifestantes, nos haga olvidar la violencia de origen del sistema, que es mucho más organizada y estructural.

La protesta social tiene que tratar de incomodar el desenvolvimiento normal de la vida de la gente, para que se entienda que existe un problema y que es necesario generar solidaridad alrededor del mismo. Porque, si no sabemos dónde está la suciedad ¿cómo vamos a limpiarla? Si hacemos oídos sordos a los problemas ¿cómo vamos a tratar de buscar soluciones?

Los medios de comunicación, que son dispositivos de desinformación al servicio de los intereses del propietario del medio (que suele formar parte del poder económico y político), criminalizan la protesta centrándose en las imágenes del mal llamado “vandalismo”. Olvidando, por supuesto, que en una protesta también se producen otras imágenes de dignidad, de solidaridad, de reivindicaciones colectivas y de organización pacífica.

Reprimir la protesta, negarse al diálogo y generar las condiciones que provocan el descontento (desigualdad, paro, precariedad, marginación, privatizaciones, abuso de poder, corrupción, etc.) también son hechos violentos.

Por eso el debate no debería ser sobre “la violencia”, sino sobre la criminalización de la protesta social. Quienes dicen estar en contra del uso de la fuerza, deberían reflexionar sobre la violencia que el sistema económico capitalista, neoliberal y depredador, está ejerciendo sobre las situaciones de vida y el sufrimiento que está provocando en las personas que se manifiestan.

La mayoría de los movimientos sociales saben que usar la violencia física en la protesta social, suele ser contraproducente, porque distorsiona el sentido democrático de las reclamaciones. Por eso, muchas veces, son las fuerzas del poder quienes infiltran personas en las protestas y provocan vandalismo para justificar la represión y desacreditar las demandas populares.

La Organización Mundial de la Salud define la violencia como “el uso deliberado de la fuerza física o del poder, ya sea en grado de amenaza o efectivo -contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad-, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”.

Güeligaites d’Asturies rechazamos este uso deliberado de la fuerza que ejercen, en la sombra, los dueños del poder económico y sus representantes políticos y mediáticos.

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