La enfermedad como negocio. Así lo manejan las farmacéuticas.

El mercado farmacéutico supera las ganancias por ventas de armas o las telecomunicaciones. Por cada dólar invertido en fabricar un medicamento se obtienen mil de ganancia. En dos años el mercado farmacéutico superará el Billón de dólares.

-El Premio Nobel de Medicina Richard Roberts señala que los fármacos que curan no son rentables y por eso no son desarrollados por las farmacéuticas que en cambio si desarrollan medicamentos cronificadores que sean consumidos de forma serializada, y deteniendo el avance científico en la cura de enfermedades porque curar no es tan rentable como generar cronicidad.

Este premio Nobel dice que no es válido que la industria de la salud se rija por los mismos valores y principios que el mercado capitalista, los cuales llegan a parecerse mucho a los de la mafia. Nuestra salud y nuestras vidas y las de nuestros hijos y millones de seres humanos no pueden estar en esas manos.


– La investigación en la salud humana no puede depender tan sólo de su rentabilidad económica. Lo que es bueno para los dividendos de las empresas no siempre es bueno para las personas.

– Se han dejado de investigar antibióticos porque son demasiado efectivos y curaban del todo. Como no se han desarrollado nuevos antibióticos, los microorganismos infecciosos se han vuelto resistentes y hoy la tuberculosis, que había sido derrotada, está resurgiendo y ha matado este año pasado a un millón de personas.

-Pfizer (la más grande de las empresas del gremio) fue denunciada por no desarrollar el medicamento Enbrel, un popular antiinflamatorio que podría disminuir en un 64 % el riesgo de padecer Alzhéimer.

-Exigimos un acceso asequible a medicamentos que salvan vidas, y luchando por priorizar la salud de las personas y la transparencia en la investigación y desarrollo (I+D) por encima de las ganancias de farmacéuticas.

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Las grandes farmacéuticas presionan con acciones legales opresivas contra países de ingresos medianos y bajos (India, Sudáfrica, Tailandia, Brasil, Colombia y Malasia, por ejemplo), solo por el hecho de priorizar la salud de las personas sobre sus intereses corporativos. Junto con algunos países ricos, buscan influir en las normas del comercio internacional para beneficiarse, aún incluso si perjudican la salud pública.

Juan Gérvas, médico , profesor e investigador en atención primaria y en salud pública : “El 90% de la medicina científica ‘oficial’ es pseudociencia”. Y el presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica declara que

“…hacemos los ensayos clínicos que quiere la industria farmacéutica…”.

Las Sociedades Científicas españolas tienen una mínima credibilidad debido a su elevada dependencia de los fondos de las farmacéuticas y la deficiente gobernanza de los mismos. La Sociedad Española de Reumatología es la que más fondos recibe y elabora todas sus Guías de Práctica Clínica bajo patrocinio.

La Sociedad Española de Cardiología recibió 600.000 euros de Novartis el mismo año en que la multinacional presentaba su nuevo medicamento para la insuficiencia cardiaca. La Sociedad Española de Oncología depende en un 84% de los fondos de las empresas que desarrollan los nuevos caros e ineficaces antineoplásicos. Esto hace comprensible su falta de crítica al actual modelo de innovación y política de precios de las compañías.


La Salud es un bien universal y de primer orden y, por tanto, no podemos admitir que se especule con ella. No podemos permitir que se busque el beneficio económico como prioridad absoluta, cobrando precios abusivos y desorbitados por todo lo que nos venden como “imprescindible para conseguir la curación”.

Corrupción farmacéutica: Las grandes multinacionales y el negocio de la salud

Se está medicalizando la vida y se nos mantiene vivos, pero enfermos crónicos, que es lo más rentable para la industria farmacéutica. Vivimos en una sociedad cada vez más enferma y altamente medicalizada. Se medicalizan hechos tan naturales y ajenos a los hospitales como el nacimiento y la muerte y, con la excusa de garantizar nuestra salud, se nos chequea constantemente en busca de una posible “enfermedad” a través de los programas de cribado, que con su alto porcentaje de “falsos positivos”, unido a los daños colaterales por mala praxis médica y efectos adversos de ciertos métodos de diagnosis, acaban siendo más perjudiciales que beneficiosos.


Las grandes multinacionales están detrás del negocio de la salud. Grandes corporaciones transnacionales, principalmente financieras, manejan los hilos de la industria farmacéutica.

El sector farmacéutico supera los 700.000 millones de dólares. Las grandes farmacéuticas están constantemente creando nuevos medicamentos para contrarrestar los vencimientos de patentes. Hablando de semejantes cifras económicas no resulta difícil comprender quién posee el control y mueve los hilos de una complicada madeja en la que todos los intermediarios pretenden sacar su pequeña tajada: Gobiernos, Aseguradoras, Sindicatos, Colegios profesionales, Investigadores, Profesionales de la Salud, etc. resultan tentados a diario por el “patrón” para que bailen a su son.

Se practica una medicina basada en la enfermedad, en vez de una medicina para la salud. El protocolo suele ser recurrente: 1.Surgen nuevas enfermedades misteriosas o se nos amenaza con los peligros potenciales de no vacunarnos contra otras. 2. Las autoridades, “por nuestro bien”, se encargan de difundir el pánico. 3. La industria farmacéutica se erige en salvadora y nos dispensa el “remedio sanador”.

Por otro lado, las campañas preventivas consisten, generalmente, en dispensar vacunas o fármacos de manera masiva, financiados con el dinero de todos los contribuyentes.

La sombra de las farmacéuticas acecha tras cada esquina: Financia investigaciones (y sesga sus resultados), colabora en eventos, patrocina simposios y seminarios, paga viajes y gratifica en especie a médicos y otros profesionales de la salud. Incluso podemos ver esa sombra (si queremos) dentro de algunas Facultades de Medicina y Ciencias de la Salud (a veces incluso apoyando con materiales diversos para la docencia).

Si estamos de acuerdo en que la salud es un bien universal, no podemos mantener las rigurosas y elitistas restricciones para la formación de los profesionales, así como las aberrantes sumas de dinero solicitadas para ser beneficiarios de la transmisión de estos supuestos conocimientos, sino que más bien deberíamos estar gozosos de poder participar masivamente en la difusión gratuita e ilimitada de tan preciado y legítimo bien. También dejaríamos de impedir el lucro (con la misma excusa de siempre: “la investigación cuesta dinero”) con la venta de libros y material divulgativo, conferencias, etc.

Del mismo modo, para poder implantar cualquier tipo de sistema de salud, alternativo al que tenemos, no podemos perder de vista el carácter solidario y universal que el objetivo demanda. Podemos especular con otros bienes o servicios de segundo orden: ocio, artículos de lujo, incluso propiedades, pero no con todo aquello que rodea a la salud, que debiera ser de bajo coste, empezando por la prestación de servicios y terminando por la realización de aquellas pruebas diagnósticas rigurosamente necesarias.

Farmaindustria pagó 564 millones de euros a los médicos en 2017. El objetivo de estos pagos es aumentar sus beneficios económicos creando conocimiento sesgado e influyendo en los decisores a favor de sus productos. Los médicos españoles son los que más dinero reciben de la industria farmacéutica de Europa… Los pagos a médicos en forma de invitaciones han demostrado capacidad para comprometer la objetividad de las decisiones clínicas (115 millones de euros para influir en los médicos vía invitaciones a congresos, comidas y cursos)… Los congresos son ferias comerciales donde la industria puede ejercer toda su influencia al desplegar concentradamente todas sus estrategias…

Las compañías farmacéuticas han dedicado 79,5 millones de euros a la contratación de médicos expertos que actúan como conferenciantes o asesores, y en campañas promocionales de medicamentos. Sin olvidar los pagos directos a investigadores, sociedades científicas y asociaciones profesionales por realización de proyectos de I+D, que son mayoritariamente ensayos clínicos, es decir, experimentos con mínima credibilidad científica.

PUES NO: No estamos conformes. La Salud no es un negocio. Exigimos un acceso asequible a medicamentos que salvan vidas, y luchando por priorizar la salud de las personas y la transparencia en la investigación y desarrollo. Salud pública, universal, gratuita, de calidad.

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