Chile. ¿lección aprendida?

Lunes 18-N : Güeligaites tenía previsto compartir pasquin sobre la Banca, pero los acontecimientos orientaron a redactar y compartir pasquín sobre la situación chilena. (y boliviana):

(en base a un artículo de Yayo Herrero en PÚBLICO, 6-11-2019, que estaba visitando Chile)

Son ya décadas de economía neoliberal. Comienza con Pinochet, pero después de la dictadura, Lagos profundiza el modelo y los que vinieron detrás lo continúan. Diferentes músicas para cantar las mismas letras; los tratados de libre comercio, las privatizaciones, la precarización, la atomización deliberada de la sociedad, el destrozo de la naturaleza. Vestidos de totalitarismo o de democracia, el valor que le dan a la vida de la gente, a la vida en general, es el mismo. Vales si generas valor añadido y si no, eres población sobrante. Quienes disienten son estigmatizados, criminalizados y ridiculizados con la ayuda inestimable de los medios de comunicación mayoritarios, que bailan el agua a cualquiera que ayude a mantener la normalidad. Y me sigue sonando a lo nuestro.

“¿Cómo no nos dimos cuenta?”, se preguntan los editoriales de algunos periódicos. Se desatendieron las señales, se dejó de mirar la precariedad y la pobreza y, sobre todo, se subestimaron los movimientos que fueron surgiendo estos años y la capacidad de los seres humanos de cooperar, de encontrarse….

El modelo de progreso y de crecimiento de Chile – más profundizado pero no tan lejano del de España– es un acto de guerra contra la gente, los territorios, el clima, los animales y las plantas… La normalidad y el orden que se han roto en Chile me recuerdan demasiado al nuestro.

Y sinceramente creo que el abordaje del cambio climático, del declive de los recursos naturales, de la pérdida de biodiversidad y la lucha contra las desigualdades pasa necesariamente por demoler un capitalismo neoliberal que, de forma explícita, o teñido de verde y de progre, quiere mantener la normalidad de la política y de la vida reducidas a la contabilidad, la normalidad de necropolítica, la sumisión y la tristeza.


Son frecuentes en el Chile de estos días las pancartas de cartón en las que, casi niños, escriben con rotuladores de colores: “Lo hago por mi papá y por mi mamá. Por mis abuelos. Por mis ríos y mi tierra. Y no pararé hasta que vivir valga la pena.”

La lucha por las pensiones dignas, la rebelión contra los peajes de pago, la resistencia en las zonas de sacrificio, la sequía feroz agudizada por el cambio climático, la indignación por la subida de las tarifas del transporte, el extractivismo y el saqueo de los recursos naturales, la especulación urbanística, el deterioro de las condiciones laborales, las violencias machistas…

Un proceso violento de acumulación por desposesión que durante mucho tiempo ha sido presentado como el paradigma del éxito neoliberal en América Latina.

¿Y las PENSIONES?

Hace ya décadas, Chile sustituyó su sistema de pensiones públicas por un sistema privado. Las personas pagan un 10% de sus ingresos a planes de pensiones que se sostienen sobre fondos de inversión. Para introducirlos, me cuentan, se le explicaba a la gente que el dinero que pagaba era para él solo, que no era normal que tuviesen que sostener con su dinero las jubilaciones de otras personas que se esforzaban menos o que eran menos valiosas que ellos, que lo normal era que cada cual recibiese en función de lo que pagase. Que eso de la solidaridad y de lo público era buenismo, que los inversores expertos harían el milagro de los panes y los peces con el dinero de los fondos y la jubilación sería dorada.

Hoy, una buena parte de las personas que se jubilan en Chile pasan directamente a ser pobres.

Las pensiones se cobran hasta que se acaba el fondo que cada cual acumuló individualmente; después existe una prestación del Estado que es ínfima y que no permite mantener unas condiciones de vida digna en un país en el que todo es bastante caro. Muchas personas perciben una pensión por debajo del sueldo mínimo que tiene marcado el Estado… Tú eres libre de elegir el nivel de riesgo de tu fondo de pensiones. A mayor riesgo, más posibilidad de alta rentabilidad.. y también más posibilidad de perderlo casi todo. Tú eres libre de elegir si cobrar tu fondo acumulado en cuotas, siempre bajas, pero más adecuadas a los precios del país hasta que tu fondo se agote, o distribuir el fondo en una renta vitalicia, sabiendo que, entonces, la prestación decrece de forma considerable y pasa a ser de unos 150 dólares, es decir, que morirás siendo pobre de solemnidad.

Vivir muchos años se convierte en un problema pero en cualquier caso tú eres responsable de tus propias decisiones.

Paradójicamente, el único sector en Chile que ha conservado un sistema público previo de pensiones son las Fuerzas Armadas y cuerpos de seguridad del Estado.

La red de trenes de Chile ha sido progresivamente desmantelada y se ha estimulado la utilización del coche privado….El agua es triplemente privada: son privadas las fuentes, el alcantarillado y el tratamiento. Por las tres cosas las personas deben pagar a empresas que no tienen como principal preocupación el acceso de los personas a este común básico, sino sus cuentas de resultados. Si no pagas, no hay agua.

La burbuja inmobiliaria: Santiago está conociendo un boom inmobiliario en el momento actual. Se estimula la compra de vivienda ofreciendo préstamos ventajosos. Las siete familias que se lucraron con las privatizaciones de los servicio públicos están reinvirtiendo esos beneficios en el mercado inmobiliario. Santiago está llena de torres enormes de apartamentos vacíos. Los bancos prestan el dinero a personas que tienen pocas garantías para poder devolverlos ¿os suena? Ellos también temen la explosión de una burbuja que agrave los problemas de la gente.

Los salarios y las condiciones laborales se han visto precarizadas. Hay muchas personas que trabajan en pymes y que sobreviven como pueden. Son las que están sufriendo con mayor presión estas jornadas de lucha. “Vivimos al día y cualquier alteración descabala nuestras economías”. En las movilizaciones de estas jornadas se echa de menos una mayor presencia de los sindicatos. “No están, ni se les espera. Han sacado algunos comunicados pero no están en la calle”. Hace mucho tiempo, nos dicen, que una buena parte de los trabajadores asalariados “están desclasados y les necesitamos. Necesitamos a todos”. Los trabajadores del cobre nunca se han preocupado por qué pasa con el agua y cómo afecta la actividad a las comunidades que viven cerca y dependen de la agricultura o tienen que beber”. Es el problema de las aristocracias obreras desclasadas … Urge reaprender lo característico del movimiento obrero: la cooperación y la lucha por la mejora de las condiciones de vida de todas, dentro y fuera del puesto de trabajo…

Los feminismos tienen también una enorme fuerza. Como en todas partes, un movimiento plural y diverso toma las calles. Mujeres jovencísimas, personas trans, el movimiento feminista más maduro, juegan un papel fundamental en lo que está sucediendo en el país. Un movimiento capilarizado por todas partes, en las zonas de sacrificio, entre las estudiantes, en la defensa de las pensiones, etc. En todas partes.

El movimiento de estudiantes en Chile lleva años de lucha y está articulado y en octubre pasado los jóvenes por el clima sacaron a la calle en Santiago más de 50.000 personas. Los jóvenes son los verdaderos protagonistas de este estallido. Jóvenes, no ya millennials, sino centennials, como les llaman. Miles de personas de entre 14 y 20 años que no tienen miedo a los “pacos”, como llaman aquí a los policías. Le tienen miedo al futuro. Ya han vivido décadas de neoliberalismo y han visto en qué se ha convertido la vida de sus padres, de sus abuelos. Y no, no lo quieren. No quieren esta normalidad…

Salen con banderas de Chile, banderas mapuche y carteles con la cara de Víctor Jara, porque en esta situación anómala, se buscan referencias y se produce el reencuentro con la memoria y el saber ancestral.

 

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